Ligamento cruzado anterior: Mucho más que un simple ligamento
La rotura del ligamento cruzado anterior es una de las lesiones más comunes y conocidas de la rodilla, muy frecuente en deportistas como futbolistas o jugadores de baloncesto y que, por lo general, tiene fama de ser una lesión dura y con una recuperación muy difícil, incluso de tener consecuencias negativas para el futuro.
En este artículo vamos a comenzar a conocer a fondo las funciones —sí, en plural— de este ligamento. Cuando pensamos en los ligamentos, los imaginamos como una simple “cuerda” que conecta dos huesos para mantenerlos unidos y en su sitio, como los vientos de una tienda de campaña que se colocan para mantener esta unida al suelo y que conserve su estructura.
¿Entendemos entonces que los ligamentos solo tienen la función de sostén? Eso es lo que nos han contado, pero a día de hoy sabemos que el LCA (y los demás ligamentos) tiene funciones mucho más complejas de lo que creíamos.
Entonces ¿cuál es la función del LCA?
El LCA tiene mecanorreceptores y cumple un rol propioceptivo crucial. La propiocepción es, por así decirlo, la capacidad que tiene nuestro organismo, a través de diferentes receptores repartidos por el cuerpo, para recoger información de cómo están colocadas las diferentes partes del cuerpo.
Estos receptores (corpúsculos de Ruffini, de Pacini y terminaciones nerviosas libres), que se encuentran en los ligamentos, están preparados para detectar cambios de tensión en el ligamento, en la velocidad o en la dirección del movimiento articular. Por tanto, cuando aterrizamos tras un salto, la información que llega desde nuestros ligamentos va a ser importantísima para que la caída sea controlada. La información recogida por el ligamento se envía al sistema nervioso central y este es el que, en función de esa información, activará una u otra musculatura para poder controlar el movimiento.
Si hablamos más concretamente del LCA, sabemos que, cuando se detectan cambios en la tensión en este, nuestro sistema nervioso central activa de forma instantánea la musculatura isquiotibial. Esta musculatura, al contraerse, ayuda a controlar el movimiento de la tibia hacia delante y alivia la tensión sobre el ligamento.
Preguntas clave sobre la función del LCA
Entonces, ahora surgen varias preguntas clave. Si mis isquiotibiales, cuádriceps o glúteos, que son los músculos encargados de controlar la rodilla y que son muy voluminosos y fuertes, fallan en ese control, ¿el LCA, que es una “pequeña cuerda”, es capaz de soportar lo que ellos no han podido?
Y cuando una persona se rompe el LCA y se opera para reconstruirlo, ¿sigue manteniendo esa función propioceptiva?
La respuesta a ambas preguntas es NO. Sin la ayuda de la musculatura, el LCA no puede soportar esos movimientos y cambios de tensión; y NO, cuando se reconstruye un ligamento, no se restablece la función propioceptiva.
Por lo tanto, cuando nos enfrentemos a una readaptación de LCA será muy importante trabajar la relación de la musculatura con el control de la rodilla, mejorar su coordinación a la hora de contraerse y buscar nuevas formas de suplir la falta de información tras la pérdida del LCA original.
La relación entre el LCA y la musculatura
En los últimos años se ha estudiado mucho la relación entre el LCA y los isquiotibiales, y se ha visto que en los individuos que, tras someterse a una reconstrucción del LCA, presentaban una mayor actividad electromiográfica de los isquiotibiales, se relacionaba con una menor probabilidad de relesión.
También se ha estudiado la relación entre la coactivación de cuádriceps e isquiotibiales, es decir, cómo estos dos músculos, que tienen funciones contrapuestas, se coordinan entre ellos a la hora de contraerse, ajustando la intensidad para mantener un equilibrio.
Y tampoco podemos olvidarnos del glúteo medio, que cumple un papel fundamental en el control del valgo dinámico de rodilla o, en otras palabras, controlando que la rodilla no se vaya hacia dentro. Hay estudios que han visto que, tras la reconstrucción del LCA, hay un déficit de activación en esta musculatura.
Conclusión
Entonces, como conclusión, debemos entender que el LCA no es una mera cuerda que agarra dos huesos, sino un ÓRGANO SENSORIAL que recoge una información muy valiosa para que se pueda organizar el movimiento y la contracción de la musculatura de la forma más eficiente posible.
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